Habitas en mi café

Como cada mañana aquí llegas, entras, miras tu reloj y estiras suavemente tu abrigo.

No creas que no me he dado cuenta, no creas que no veo lo que tus ojos temblorosos intentan decir cada vez que me hablas.

Veo cómo va aumentando tu impaciencia reflejada en el vaivén que realiza tu pie contra el suelo.

¿Y esta vez que pedirá?

Vaya, ya le toca a él. De nuevo se ha sonrojado, se lo he notado en las orejas. 

Respira, respira, respira, piensa bien la frase que quieres ponerle en su café… ¿Cómo expreso esta locura mañanera que me invade cada vez que te veo pasar por esa puerta? Eso es, es una locura.

Y como locura que es no quiero equivocarme. ¿Y si son imaginaciones mías? ¿Y si simplemente elige esta cafetería porque le coge cerca del trabajo? ¿Y si se sonroja por cambiar del frío de la calle al calor de este lugar?

Cada vez q viene, desde el primer día, hace que las mariposas que habitan en mi estómago se retuerzan.

Hoy es el día, voy a escribirle algo en el café… ¿Pero podré? Venga, que vas a perder la oportunidad.

1, 2, 3… El café ya está… Oh no…

Creo, creo que hoy tampoco será el día en el que me atreva a ponerle lo que llevo pensando tanto tiempo… 

Hola, ¿quieres quedar para tomar un café?

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